Rememorando el Maremoto de 1960 en Puerto Saavedra.

25 05 2010

Natalia Caniguan V.[1]

Este 22 de mayo se conmemoraron 50 años de la ocurrencia del mayor terremoto y maremoto que ha asolado las costas chilenas, su recuerdo aún pervive en la memoria de los habitantes de Puerto Saavedra y se ha vuelto más latente aun producto del terremoto del 27 de febrero recién pasado, el que revivió en la población de Saavedra el temor de que se volviese a repetir la historia.

No cabe duda que el hecho de mayor trascendencia en la historia de Puerto Saavedra, fue la ocurrencia del terremoto y maremoto del año 1960, dicho suceso aún se encuentra vigente dentro de los recuerdos de sus  habitantes, siendo común poder oír comentarios que hacen alusión a como era el pueblo antes de que se produjera la “salida del mar”, ya que tras la ocurrencia de dicha catástrofe, se produjeron grandes cambios dados los niveles de destrucción alcanzados.

El terremoto que se produjo a las 14:55 hrs, tuvo una intensidad de 9,5 grados en la escala Richter y una duración que alcanzó los 10 minutos. No obstante, los temblores comenzaron el día 21 de mayo, sin embargo, la salida de mar producto del terremoto solo se  produjo el día 22 de mayo en la tarde; la gente frente a lo que estaba sucediendo comenzó a arrancar hacia los cerros, huyendo especialmente hacia el cerro Stella Maris, lugar en que se encuentra el cementerio de Puerto Saavedra; todos quienes ahí llegaban comenzaban a organizarse y realizar ollas comunes para poder alimentarse, nadie sabía con certeza que es lo que podría ocurrir.

Primero fueron unos temblores, vinieron tres temblores, uno a las 6 de la mañana, el otro como a las dos de la tarde y el grande que salió el mar a las tres y tanto (…) así desesperados llegábamos a gritar, toda la gente lloraba, a cada rato temblaba y se abría la tierra…las casas quedaron aquí por toda esta orilla de los cerros…[2]

Con el paso de las horas y al poder observar las dimensiones que alcanzó el maremoto,  las personas fueron trasladadas a albergues que se crearon en Carahue y Nueva Imperial; asimismo, una vez que se calmó la situación se instaló en el pueblo el Regimiento Tucapel, el cual estaba encargado del orden y de controlar el acceso de la gente al pueblo, para evitar así los saqueos; por supuestos quienes eran más vigilados, eran los campesinos mapuche que iban al pueblo.

Hasta ese entonces, Puerto Saavedra se emplazaba como un puerto fluvial que contaba con gran cantidad de servicios tales como Banco Estado, Correos de Chile, Juzgado del Crimen, Hospital, además de grandes tiendas comerciales, hoteles y existiendo inclusive fabricas de elaboración de conservas y otros. Puerto Saavedra era un lugar de comercio, esto básicamente por ser un puerto al cual llegaban vapores que traían y llevaban productos desde y hacia otras ciudades.

El maremoto sin embargo cambió abruptamente la geografía de este puerto y con ello alteró el desarrollo que hasta ese entonces se había producido. El cambio más significativo y de mayor importancia fue el cambio en el acceso al mar, que trajo como consecuencia directa el fin del comercio y transporte fluvial existente, sumado a esto, la destrucción de las casas y edificios públicos llevó a que se creara y comenzara a construir un nuevo Puerto Saavedra, esta vez el río Imperial y el mar de sus costas solo serían un atractivo balneario para turistas. Tras el terremoto y posterior tsunami solo quedaron algunas casas en pie y las palmeras de la casa  de uno de los colonos de ese tiempo, la familia Lüer; hoy en día es posible apreciar algunas ruinas que persisten a pesar de la erosión del agua y el desamparo en el que han estado todo este tiempo.

Sacrificio en el Budi.

Otro hecho que se encuentra en la memoria de las personas, es el sacrificio que se produjo en el Budi, los mapuche, producto del temor que les causó el terremoto y el maremoto y como forma de calmar a la naturaleza, decidieron realizar un sacrificio humano, entregando al mar el cuerpo de un niño de la zona; dicho sacrificio se realizó en el Cerro La Mesa.

Cuando hubo terremoto, no hallaron la gente pa donde cortar, cerrito por cerrito, cerrito por cerrito,  y ese donde sacrificaron al niño, ese cerro se salvó, quedó, tiene otro nombre pero es más conocido como cerro La Mesa, ahí mataron al niño, le sacaron la cabecita, el niño pedía dicen, pero yo no escuche muy bien, yo me arranqué, decía para que me van a matar si yo te sirvo abuelo, a mi no me puede matar, toma a un cordero para sacrificar, llegó el otro y le cortó el brazo y como todavía saltaba su cabecita, al pobrecito lo tiraron al mar; pero no voy a mentir, como que la mar se contuvo, se sujetó(…[3])

Este hecho quedó registrado en ese entonces como noticia en la Revista Vea, hubo un gran revuelo por todo lo ocurrido, nadie podía entender por qué un niño debía ser la ofrenda para realizar el sacrificio, por qué no un animal como suele hacerse en otro tipo de ritos. Todo esto llevó a que la Machi que realizó el sacrificio en conjunto con parientes del menor fuesen detenidos y enjuiciados, sin embargo, tras dos años de juicio son declarados inocentes, señalando en ese entonces que “habían actuado bajo los influjos de una fuerza psíquica irresistible e impulsados por un miedo insuperable[4]

La historia del menor ofrecido en sacrificio cuenta que era un pequeño de 5 años, llamado José Luis Painecur, según lo que recuerda la gente, el niño debía ser huérfano, y este menor se encontraba bajo el cuidado de su abuelo, ya que su madre estaba trabajando como “nana” en Santiago, por lo que podía ser ofrendado al mar para que este calmase su furia.

Este hecho es silenciado por la población, la percepción de la gente del pueblo respecto al sacrificio ocurrido es negativa, suelen tratar de justificarla frente a los otros, como un acto de los mapuches y de su cultura, sin embargo, existe un gran reproche a lo que ahí aconteció ya que se critica que la victima haya tenido que ser un niño pequeño, quizás de haber sido un animal el que se ofreciese a la naturaleza no existiría el reproche y silenciamiento que hay de esta historia.

Conmemoraciones.

La tragedia vivida en el año 60, persiste  en la memoria de los pobladores de Puerto Saavedra, sus nuevas generaciones a pesar de no haber vivido dicha experiencia hacen suyo el relato de lo acontecido como si hubiesen estado presentes.

Para conmemorar este nuevo aniversario de la tragedia del año 60, el día sábado se desarrollaron actividades organizadas por el municipio de Puerto Saavedra para recordar lo acontecido 50 años atrás. Antes de comenzar la actividad, se vivió un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas del maremoto, para luego dar paso a la exhibición de un video en el que sobrevivientes del terremoto y maremoto contaban sus experiencias de lo vivido aquel 22 de mayo, asimismo, se homenajeó y se les hizo entrega de presentes a personas que vivieron dicha catástrofe, todos ya adultos mayores que aun viven en Puerto Saavedra.

Por otra parte, se procedió a inaugurar un memorial – que se instalará en la plaza de armas de la comuna – en el que están plasmados los nombres de las víctimas de esta catástrofe, en total fueron 50 personas de la comuna las fallecidas, sin embargo, las pérdidas materiales afectaron a prácticamente toda su población, dichas pérdidas y la magnitud de lo acontecido era posible observarlo en una muestra fotográfica realizada este mismo día, para que los vecinos recordasen y conociesen lo que ocurrió en ese entonces.

Sin duda que este aniversario del terremoto y maremoto fue de gran importancia para los pobladores de Saavedra, los recuerdos de dicha catástrofe no han sido relegados al olvido, es más, siempre los lugareños están recordando esa historia que cambió el devenir del pueblo y dio paso a la fundación de lo que es actualmente Puerto Saavedra, no es posible concebir la historia de este lugar y la idiosincrasia de sus habitantes sin hacer mención al maremoto, cambió en todo sentido la vida de este pueblo, se pasó de ser  una ciudad prospera en pleno auge de desarrollo a una localidad que debió renacer y reinventarse, sus pescadores ahora miran el mar, pero no entran en él, las poblaciones de casas se emplazan sobre los cerros mirando desde la altura el mar, el rio que en ese entonces era un medio de comunicación y transporte hoy corren tranquilas sus aguas calmas y en la temporada estival sirve de balneario para turistas que llegan a la zona, mientras todos esperan como volver a ese desarrollo anhelado y en algún futuro volver a tener un puerto como el de antaño.


[1] Los relatos y la historia narrada provienen de entrevistas realizadas el año 2005 en el marco  de la realización de la práctica profesional, dentro del proyecto Fondecyt Identidad e Identidades. La construcción de la diversidad en Chile,

[2] Entrevista año 2005

[3] Entrevista año. 2005

[4] Diario Austral. Lunes 24 de mayo de 2010. Pág. 3

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