Rememorando el Maremoto de 1960 en Puerto Saavedra.

25 05 2010

Natalia Caniguan V.[1]

Este 22 de mayo se conmemoraron 50 años de la ocurrencia del mayor terremoto y maremoto que ha asolado las costas chilenas, su recuerdo aún pervive en la memoria de los habitantes de Puerto Saavedra y se ha vuelto más latente aun producto del terremoto del 27 de febrero recién pasado, el que revivió en la población de Saavedra el temor de que se volviese a repetir la historia.

No cabe duda que el hecho de mayor trascendencia en la historia de Puerto Saavedra, fue la ocurrencia del terremoto y maremoto del año 1960, dicho suceso aún se encuentra vigente dentro de los recuerdos de sus  habitantes, siendo común poder oír comentarios que hacen alusión a como era el pueblo antes de que se produjera la “salida del mar”, ya que tras la ocurrencia de dicha catástrofe, se produjeron grandes cambios dados los niveles de destrucción alcanzados.

El terremoto que se produjo a las 14:55 hrs, tuvo una intensidad de 9,5 grados en la escala Richter y una duración que alcanzó los 10 minutos. No obstante, los temblores comenzaron el día 21 de mayo, sin embargo, la salida de mar producto del terremoto solo se  produjo el día 22 de mayo en la tarde; la gente frente a lo que estaba sucediendo comenzó a arrancar hacia los cerros, huyendo especialmente hacia el cerro Stella Maris, lugar en que se encuentra el cementerio de Puerto Saavedra; todos quienes ahí llegaban comenzaban a organizarse y realizar ollas comunes para poder alimentarse, nadie sabía con certeza que es lo que podría ocurrir.

Primero fueron unos temblores, vinieron tres temblores, uno a las 6 de la mañana, el otro como a las dos de la tarde y el grande que salió el mar a las tres y tanto (…) así desesperados llegábamos a gritar, toda la gente lloraba, a cada rato temblaba y se abría la tierra…las casas quedaron aquí por toda esta orilla de los cerros…[2]

Con el paso de las horas y al poder observar las dimensiones que alcanzó el maremoto,  las personas fueron trasladadas a albergues que se crearon en Carahue y Nueva Imperial; asimismo, una vez que se calmó la situación se instaló en el pueblo el Regimiento Tucapel, el cual estaba encargado del orden y de controlar el acceso de la gente al pueblo, para evitar así los saqueos; por supuestos quienes eran más vigilados, eran los campesinos mapuche que iban al pueblo.

Hasta ese entonces, Puerto Saavedra se emplazaba como un puerto fluvial que contaba con gran cantidad de servicios tales como Banco Estado, Correos de Chile, Juzgado del Crimen, Hospital, además de grandes tiendas comerciales, hoteles y existiendo inclusive fabricas de elaboración de conservas y otros. Puerto Saavedra era un lugar de comercio, esto básicamente por ser un puerto al cual llegaban vapores que traían y llevaban productos desde y hacia otras ciudades.

El maremoto sin embargo cambió abruptamente la geografía de este puerto y con ello alteró el desarrollo que hasta ese entonces se había producido. El cambio más significativo y de mayor importancia fue el cambio en el acceso al mar, que trajo como consecuencia directa el fin del comercio y transporte fluvial existente, sumado a esto, la destrucción de las casas y edificios públicos llevó a que se creara y comenzara a construir un nuevo Puerto Saavedra, esta vez el río Imperial y el mar de sus costas solo serían un atractivo balneario para turistas. Tras el terremoto y posterior tsunami solo quedaron algunas casas en pie y las palmeras de la casa  de uno de los colonos de ese tiempo, la familia Lüer; hoy en día es posible apreciar algunas ruinas que persisten a pesar de la erosión del agua y el desamparo en el que han estado todo este tiempo.

Sacrificio en el Budi.

Otro hecho que se encuentra en la memoria de las personas, es el sacrificio que se produjo en el Budi, los mapuche, producto del temor que les causó el terremoto y el maremoto y como forma de calmar a la naturaleza, decidieron realizar un sacrificio humano, entregando al mar el cuerpo de un niño de la zona; dicho sacrificio se realizó en el Cerro La Mesa.

Cuando hubo terremoto, no hallaron la gente pa donde cortar, cerrito por cerrito, cerrito por cerrito,  y ese donde sacrificaron al niño, ese cerro se salvó, quedó, tiene otro nombre pero es más conocido como cerro La Mesa, ahí mataron al niño, le sacaron la cabecita, el niño pedía dicen, pero yo no escuche muy bien, yo me arranqué, decía para que me van a matar si yo te sirvo abuelo, a mi no me puede matar, toma a un cordero para sacrificar, llegó el otro y le cortó el brazo y como todavía saltaba su cabecita, al pobrecito lo tiraron al mar; pero no voy a mentir, como que la mar se contuvo, se sujetó(…[3])

Este hecho quedó registrado en ese entonces como noticia en la Revista Vea, hubo un gran revuelo por todo lo ocurrido, nadie podía entender por qué un niño debía ser la ofrenda para realizar el sacrificio, por qué no un animal como suele hacerse en otro tipo de ritos. Todo esto llevó a que la Machi que realizó el sacrificio en conjunto con parientes del menor fuesen detenidos y enjuiciados, sin embargo, tras dos años de juicio son declarados inocentes, señalando en ese entonces que “habían actuado bajo los influjos de una fuerza psíquica irresistible e impulsados por un miedo insuperable[4]

La historia del menor ofrecido en sacrificio cuenta que era un pequeño de 5 años, llamado José Luis Painecur, según lo que recuerda la gente, el niño debía ser huérfano, y este menor se encontraba bajo el cuidado de su abuelo, ya que su madre estaba trabajando como “nana” en Santiago, por lo que podía ser ofrendado al mar para que este calmase su furia.

Este hecho es silenciado por la población, la percepción de la gente del pueblo respecto al sacrificio ocurrido es negativa, suelen tratar de justificarla frente a los otros, como un acto de los mapuches y de su cultura, sin embargo, existe un gran reproche a lo que ahí aconteció ya que se critica que la victima haya tenido que ser un niño pequeño, quizás de haber sido un animal el que se ofreciese a la naturaleza no existiría el reproche y silenciamiento que hay de esta historia.

Conmemoraciones.

La tragedia vivida en el año 60, persiste  en la memoria de los pobladores de Puerto Saavedra, sus nuevas generaciones a pesar de no haber vivido dicha experiencia hacen suyo el relato de lo acontecido como si hubiesen estado presentes.

Para conmemorar este nuevo aniversario de la tragedia del año 60, el día sábado se desarrollaron actividades organizadas por el municipio de Puerto Saavedra para recordar lo acontecido 50 años atrás. Antes de comenzar la actividad, se vivió un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas del maremoto, para luego dar paso a la exhibición de un video en el que sobrevivientes del terremoto y maremoto contaban sus experiencias de lo vivido aquel 22 de mayo, asimismo, se homenajeó y se les hizo entrega de presentes a personas que vivieron dicha catástrofe, todos ya adultos mayores que aun viven en Puerto Saavedra.

Por otra parte, se procedió a inaugurar un memorial – que se instalará en la plaza de armas de la comuna – en el que están plasmados los nombres de las víctimas de esta catástrofe, en total fueron 50 personas de la comuna las fallecidas, sin embargo, las pérdidas materiales afectaron a prácticamente toda su población, dichas pérdidas y la magnitud de lo acontecido era posible observarlo en una muestra fotográfica realizada este mismo día, para que los vecinos recordasen y conociesen lo que ocurrió en ese entonces.

Sin duda que este aniversario del terremoto y maremoto fue de gran importancia para los pobladores de Saavedra, los recuerdos de dicha catástrofe no han sido relegados al olvido, es más, siempre los lugareños están recordando esa historia que cambió el devenir del pueblo y dio paso a la fundación de lo que es actualmente Puerto Saavedra, no es posible concebir la historia de este lugar y la idiosincrasia de sus habitantes sin hacer mención al maremoto, cambió en todo sentido la vida de este pueblo, se pasó de ser  una ciudad prospera en pleno auge de desarrollo a una localidad que debió renacer y reinventarse, sus pescadores ahora miran el mar, pero no entran en él, las poblaciones de casas se emplazan sobre los cerros mirando desde la altura el mar, el rio que en ese entonces era un medio de comunicación y transporte hoy corren tranquilas sus aguas calmas y en la temporada estival sirve de balneario para turistas que llegan a la zona, mientras todos esperan como volver a ese desarrollo anhelado y en algún futuro volver a tener un puerto como el de antaño.


[1] Los relatos y la historia narrada provienen de entrevistas realizadas el año 2005 en el marco  de la realización de la práctica profesional, dentro del proyecto Fondecyt Identidad e Identidades. La construcción de la diversidad en Chile,

[2] Entrevista año 2005

[3] Entrevista año. 2005

[4] Diario Austral. Lunes 24 de mayo de 2010. Pág. 3





Informe del Terremoto en Puerto Saavedra

10 03 2010

Natalia Caniguan

Puerto Saavedra aún guarda en su memoria el recuerdo del maremoto que lo asoló y transformó en 1960. Cuando vamos llegando a Saavedra vemos las “Ruinas” que quedan de las casas que en ese entonces eran de colonos asentados en el pueblo, la película La Frontera, también nos retrata ese triste acontecimiento que cambió profundamente tanto la geografía como la identidad de los habitantes de esta comuna.

Todo lo vivido ha marcado a las personas, es por ello que siempre se advierte a la gente que debe estar preparada por el temor constante a que se “salga el mar”. La madrugada del 27 de febrero sacó fuera nuevamente todos estos temores, tras el terremoto que asoló gran parte del país, la población corrió rápidamente hacia los cerros, ya fuese donde está el cementerio o donde se emplaza el hospital, todos huyen con frazadas y algo de víveres, más tarde se bajará a buscar más alimento y aquello que pueda resultar necesario para lo que se viene.

Arriba del cerro se comienzan a armar carpas y ranchos, se sabe que la estadía en ese lugar durará a lo menos un par de días. Una vez que amanece se observa como se están instalando campamentos improvisados sobre el cerro, el pueblo está totalmente vacío, quienes no subieron al cerro se van donde sus familiares en el campo.

No hay luz ni teléfono por lo tanto resulta difícil enterarse de las primeras noticias, no obstante, el canal municipal con sus generadores amplifica las noticias que se están teniendo por televisión, solo así logramos saber la magnitud de lo acontecido, más adelante nos daremos cuenta que los daños ocurridos en Saavedra son muy leves en comparación a lo que ocurre en el resto del país.

Las construcciones de Puerto Saavedra corresponden en su mayor parte a autoconstrucciones, últimamente observamos el emplazamiento de poblaciones de subsidio estatal, al ser construcciones pequeñas, en su mayoría de madera, no notamos a primera vista daños ni casas caídas, el gran drama de este lugar se vivió en la población ubicada sobre el cerro wingkul en el que también se emplaza el nuevo hospital de Saavedra, en dicho lugar se encontraba ubicada una copa de agua de la empresa Aguas Araucclip_image002anía, la cual cayó sobre las casas, provocando el derrumbe de 7 casas y la muerte de una joven junto a su bebé de solo dos meses de edad.

A pesar de todo esto el mayor susto de la gente no se encontraba en los movimientos de la tierra sino en lo que ocurriese con el mar, si bien después de lo acontecido el año 60, donde el terremoto de ese entonces tuvo una magnitud de 9,5 grados, se reconstruyó Puerto Saavedra ocupando zonas más altas, aun es mucha la población que vive cercana al borde del río Imperial o del mar, lo que llevó a que se produjera una rápida evacuación de la población por sus propios medios, ya que tal como se anunció ese día no habría riesgo de tsunami.

El mar en Puerto Saavedra no salió con la fuerza que vimos en otros lugares, si se produjeron marejadas que salieron fuera de los límites habituales en los que está el mar, sin embargo no alcanzó a llegar a las casas, quizás las barreras de contención y la barra de pinos que se instalaron después del maremoto anterior ayudaron a frenar en algo el mar.

Quienes vivieron mayores temores en cuanto a la salida del mar fue la gente que acampaba en el sector denominado Los Pinos, esto es en la barra de arenas que se creó tras el maremoto del 60 y que se encuentra como barrera divisoria del mar y el río Imperial. Quienes ahí se encontraban, señalaban que trataban de salir de sus carpas, pero olas de agua les llegaron, frente a eso solo había desesperación y gritos especialmente de niños, lo que llevó a que pescadores de la caleta tomaran sus botes y entraran al río para intentar sacar al menos a esos niños que se escuchaba llorar, la noche era oscura, estaba nublada y sin luna, el río corría fuerte hacía el norte, las embarcaciones se iban a la deriva, razónclip_image004 por la cual luego del rescate de algunas personas se decidió continuar con dicha labor una vez que amaneciese.

Cuando ya aclara y tras varias horas de ocurrido el terremoto, es posible comenzar a recorrer el pueblo, vemos grietas en los muros de contención del río y con ello comenzamos a notar la magnitud de lo que se vivió, el camino hacia la playa se partió en dos, quedando utilizable solo en una vía, por ese mismo sector observamos el mar que se encuentra turbio y con un fuerte oleaje y el cerro que acompaña a este mar se encuentra trizado. clip_image006

Durante el día el pueblo está vacío, intentamos conseguir agua, la cual es repartida por bomberos y por camiones municipales, la gente que no está acampando sobre el cerro es llevada a albergues preparados para la población, si bien las casas están en pie, nadie quiere bajar por temor al mar. Los comerciantes y pescadores, llevan su ayuda a los albergues y campamentos, este día todo se vive sobre el cerro, al mar nadie se acerca.

Hacia el sector rural nos vamos enterando que no hubo mayores daños, lo más perjudicado son los caminos puesto se han trizado o hundido, quienes viven cerca del mar también se refugiaron en los cerros altos o treng treng, hay quienes en el amanecer comenzaron a hacer rogativas para que el mar no saliera y la tierra se calmara.

Quizás esta zona no fue devastada ni sufrió daños materiales considerables, sin embargo, el renacer de los temores frente a la fuerza del mar y el recuerdo del pasado afectan de manera mucho más fuerte a las personas, Puerto Saavedra ya sufrió esto una vez y le significó un cambio rotundo en su geografía y en su desarrollo como puerto, esta vez se espera que no vuelva a ocurrir lo mismo, es por esto que aun con mucho temor el día lunes comienzan a bajar unos pocos de los cerros, no obstante, se tiene todo preparado para subir a ellos en cuanto sea necesario…





Reportaje sobre Puerto Saavedra, realizado por Arnaldo Perez Guerra[i] y publicado en periódico Azkintuwe.

4 02 2010

Puerto Saavedra, capital costera del empobrecimiento mapuche

Puerto Saavedra está a 85 kilómetros de Temuko. Según el Censo 2002, la población urbana es de 19%. La encuesta Casen 2003 señaló que un 16,4% de la población es indigente, y un 38,3% vive en situación de pobreza. Hay una directa relación entre mapuches y pobreza. Que la ciudad y la comuna lleven el nombre de Cornelio Saavedra, además, es una ofensa para los mapuches.

ARNALDO PÉREZ GUERRA – PUERTO SAAVEDRA, WALLMAPU – 03 / 02 / 10

Leer Artículo Completo en http://www.azkintuwe.org/fab031.htm


[i] aperezguerra@yahoo.es





Aniversario de Puerto Saavedra

7 12 2009

Natalia Caniguan

El 5 de diciembre de 1885 se fundó el poblado de Puerto Saavedra y fue nombrado como tal   en honor en ese entonces a quien estaba llevando a cabo la “Pacificación de la Araucanía”,  Cornelio Saavedra. Hoy 5 de diciembre de 2009 se celebran 124 años de ocurrido ese hecho,   el pueblo aun lleva el mismo nombre y un monumento en la Plaza de Puerto Saavedra recuerda a su gente que fue fundada en una misión bélica, mientras se iban radicando sus tierras.

El día 4 de diciembre de este año, se realizó como se hace tradicionalmente todos los años un desfile cívico en la localidad de Puerto Saavedra, esto a fin de conmemorar un nuevo aniversario de la fundación del pueblo, así nuevamente se le recuerda al pueblo mapuche que fueron radicados y brutalmente asesinados en una campaña llamada Pacificación de la Araucanía y cuyos logros era la fundación de ciudades y pueblos que permitiesen traer colonos a estos territorios hasta entonces mapuche, se lleva a cabo así la conmemoración de una historia oscura para el pueblo mapuche.

El desfile realizado como acto conmemorativo, es encabezado por el Alcalde Ricardo Tripainao junto a concejales de la comuna, la Intendenta de la Región y representantes de Iglesias, Carabineros, Bomberos, Dirigentes Mapuche, Candidatos a Diputados, entre otros, todos quienes se encuentran sentados en un escenario situado en el frontis del municipio.

En la Avenida Ejercito, calle principal de Saavedra, vemos un escuadrón de Carabineros, Bomberos, una Banda de Música y como llegan los alumnos de los diversos colegios de la comuna a desfilar, asimismo esperan funcionarios municipales, Juntas de Vecinos, variadas organizaciones y el Club de Huasos de la comuna, quienes son los encargados de dar inicio a esta actividad.

Antes de comenzar el desfile se entona el himno patrio, para luego pasar a oír un discurso del Alcalde de la Comuna, donde se hace mención al avance y progreso que ha vivido Puerto Saavedra, es importante destacar, que en ningún momento del desfile ni de los discursos enunciados, se hace mención a la historia, se celebra y conmemora un hecho, pero no se habla de su contexto, frente a esto cabe preguntarse, ¿será ésta una manera de ocultar o intentar olvidar la historia de la pacificación y ocupación de estas tierras?, ¿se omite el pasado cómo una forma de reconciliación con la historia?.

La historia que se narra en este discurso sitúa los comienzos del actual desarrollo de Saavedra en la ocurrencia del Maremoto el año 60, dicho hito es recordado como un acto fundante del nuevo Puerto Saavedra, lo ocurrido anteriormente es parte del pasado que se ha olvidado, o que al ser lejano no cabe la pena recordar, a pesar de que lo que se celebra en este día es la primera fundación, aquella producida el año 1885, en pleno proceso de Radicación y Pacificación de la Araucanía.

El presente y el progreso de Puerto Saavedra es lo destacable, se señalan todas aquellas inversiones que se han realizado en la comuna y que han contribuido a su desarrollo o al menos a la mejora de ciertos aspectos de la vida cotidiana de las personas, todo esto además cargado de un tinte electoral, que vanagloria el actuar de ciertos políticos en su quehacer por este pueblo.

Luego se realizar el discurso, se lleva a cabo una premiación de parte del Municipio a personas destacadas de la comuna, entre ellas se encuentran Comerciantes, Pescadores, Dirigentes Vecinales, Deportistas, Doctores, Sostenedores de colegios y un Lonko como representante del Pueblo Mapuche, en tanto, constituyen el 65% de la población, por lo tanto son un segmento que debe estar presente, aunque no todos se sientas representados en este tipo de actos.

Una vez concluida la premiación, los alumnos del los distintos colegios realizan un acto folclórico, destacándose bailes de cueca, un baile a la Virgen del Carmen y la representación  de un nguillatun, para integrar de esta manera lo mapuche, no obstante, como se señaló, no deja de ser una representación folclórica de lo que sería la cultura Mapuche, tal como se representa lo huaso y lo nortino.

Ya es hora de dar inicio al desfile, para ello el Club de Huasos saluda a las autoridades y les ofrece vino en cacho, para luego bailar un pie de cueca y de esta manera marcar el comienzo del desfile cívico, del cual participan los diversos grupos de la comuna ya mencionados, una vez que han desfilado todos los entes llamados a participar, donde se incluye la nueva maquinaria adquirida por el municipio, para demostrar así todo lo señalado en el discurso inicial acerca del desarrollo, se dan por finalizadas las actividades, la gente retorna a sus hogares, el Alcalde junto a las otras autoridades se dirige a tomar un “vino de honor”, funcionarios municipales desarman lo que sirvió de escenario y todo vuelve a la normalidad.





Breve Etnografía del 1° de Noviembre en Puerto Saavedra

5 11 2009

Luis Emilio Rojas[1]

 

Una verdadera procesión para quienes visitan a sus difuntos a pie. El cementerio está saliendo del pueblo y subiendo por el camino hacia El Temo, en un alto donde tiene vista general hacia el pueblo y los alrededores. Tan despejado está el día que todos se alegran de poder ver la Isla Mocha (cosa difícil la mayor parte del tiempo por la nubosidad propia de Puerto), a la que se puede acceder generalmente desde Quidico, localidad ubicada en la Comuna de Tirúa.

clip_image002Por supuesto que esta ceremonia no comienza el mismo 1° de noviembre, sino que unos días antes con la venta de flores en las calles y la visita de algunas familias al cementerio a limpiar, ordenar y dejar lista la tumba para poder llegar el domingo a compartir con su ser querido.

Ya durante el camino hacia el cementerio se puede ver gente caminando con bolsas y cajas, algunas con flores, otras con comida. Porque visitar a los suyos implica compartir con ellos. También se ven camionetas subiendo y bajando con los “pickup” llenos de gente y cajas. Lindo camino, por ambos lados lleno de verde desde la planicie hasta los cerros, y con algunas vacas comiendo.

 

clip_image004 Subiendo y ya cerca del cementerio, un poco más abajo se encuentra un descanso con un Cristo crucificado tapado por un pequeño cobertizo y una banca para quién guste acompañarlo.

Llegando a la entrada se ven los autos y camionetas estacionadas, unas pequeños fuegos que calientan el agua para un mate, té o café. Así, aprovechando la sombra del lugar para escapar por un rato del calor que los acompaña. Uno que otro carrito vendiendo jugos, bebidas, cabritas, completos; un pasillo techado con bancas a los lados aprovechadas por las personas que conversan entretenidamente acerca de lo humano y lo divino, y que indica la entrada al cementerio.

Llego cuando se está dando la misa al aire libre. El cura habla por un megáfono a las personas que lo miran y escuchan atentamente. Llaman la atención las primeras tumbas que en su superficie están cubiertas de una arena brillante, que además se encontraba apretada por la lluvia de la noche y de los días anteriores. Lo mismo es aprovechado para hacer figuras con las flores que entierran; se pueden observar corazones hechos tanto con la flor entera como con sus pétalos, sea esta de plástico o natural, rodeando los contornos o sólo con algunas partes, como también simplemente llenando toda la superficie de flores formando una verdadera danza de colores y formas.

clip_image006 Se vislumbran distintos tipos de tumbas. Algunas con cemento en los contornos y paredes donde están relatados los nombres y fechas principales de los difuntos, encontrándose algunas trizaduras en las que se encuentran más abandonadas por el paso del tiempo y la soledad. Otros tienen lo mismo pero con baldosa de distintos colores. Algunas, en vez de arena, tienen pasto sintético dando un extraño pero al fin y al cabo bonito verde. También están las que sólo cuentan con tierra en su exterior y que tienen unas especies de cunas de madera con una cruz en la cabecera que marcan y guardan el espacio del ser querido, algunas de color verde, celeste, barnizadas o también están las que, por el abandono en que se encuentran, ya presentan estados de descomposición, siendo estás las menos.

 

clip_image008 Se observan familias alrededor de las tumbas conversando entre ellos, riendo, adornando y limpiando. Los niños haciendo lo que más les gusta, “jugar”; una mujer que entre palabras y lágrimas, que llegan a sus ojos a través del recuerdo, conversa con el ser querido que se fue. Tan acogedoras son sus palabras y lágrimas que la gente que va conversando, al pasar por ahí, saca un silencio tan respetuoso que me atrevería a decir que es en cierta medida, agradecido por esta mujer.

Termina la misa y comienza el movimiento de las personas hacia sus familiares muertos. Común es escuchar saludos como: “Hola pariente”, “¿Cómo está pariente?”, “Tanto tiempo pariente”, iniciando muchos de ellos la conversación con estos saludos y con la alegría que les produce encontrarse y tener un día tan soleado después de unos cuantos de lluvia. Se multiplican las conversaciones acerca de los familiares que ya partieron o de los “típicos problemas de los vivos”.

Paseándose van los baldes vacíos hacia las llaves, y llenos de vuelta hacia las sepulturas y maceteros. También hacen lo suyo los escobillones y rastrillos en trabajo de limpieza, otros se encargan de pintar los “corralitos” que están determinando el lugar de su familiar.

Por supuesto que todo lo anteriormente descrito ocurre en un cementerio “legal”, porque por el campo están olvidados por la gran mayoría y recordados solo por unos pocos (muy), los antiguos cementerios de las comunidades mapuche, esos donde se enterraban a las personas en cajones hechos con donaciones de los integrantes del mismo lof y donde dirigía su construcción el maestro más afamado del sector (y muchas veces el único). Estos cementerios ya están escondidos, debajo de plantaciones de pinos y eucaliptus, de las nuevas generaciones y solo viven gracias a algunas cruces de pellín (o de sus restos), y también gracias a la memoria de los más antiguos y de quienes respetan y se interesan en conocer sus historias.


[1] Profesor de Educación Física, alumno del Magíster de Antropología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y tesista del Proyecto Fondecyt N° 1095024 “Conmemoraciones y Memorias Subalternas”.