Rememorando el Maremoto de 1960 en Puerto Saavedra.

25 05 2010

Natalia Caniguan V.[1]

Este 22 de mayo se conmemoraron 50 años de la ocurrencia del mayor terremoto y maremoto que ha asolado las costas chilenas, su recuerdo aún pervive en la memoria de los habitantes de Puerto Saavedra y se ha vuelto más latente aun producto del terremoto del 27 de febrero recién pasado, el que revivió en la población de Saavedra el temor de que se volviese a repetir la historia.

No cabe duda que el hecho de mayor trascendencia en la historia de Puerto Saavedra, fue la ocurrencia del terremoto y maremoto del año 1960, dicho suceso aún se encuentra vigente dentro de los recuerdos de sus  habitantes, siendo común poder oír comentarios que hacen alusión a como era el pueblo antes de que se produjera la “salida del mar”, ya que tras la ocurrencia de dicha catástrofe, se produjeron grandes cambios dados los niveles de destrucción alcanzados.

El terremoto que se produjo a las 14:55 hrs, tuvo una intensidad de 9,5 grados en la escala Richter y una duración que alcanzó los 10 minutos. No obstante, los temblores comenzaron el día 21 de mayo, sin embargo, la salida de mar producto del terremoto solo se  produjo el día 22 de mayo en la tarde; la gente frente a lo que estaba sucediendo comenzó a arrancar hacia los cerros, huyendo especialmente hacia el cerro Stella Maris, lugar en que se encuentra el cementerio de Puerto Saavedra; todos quienes ahí llegaban comenzaban a organizarse y realizar ollas comunes para poder alimentarse, nadie sabía con certeza que es lo que podría ocurrir.

Primero fueron unos temblores, vinieron tres temblores, uno a las 6 de la mañana, el otro como a las dos de la tarde y el grande que salió el mar a las tres y tanto (…) así desesperados llegábamos a gritar, toda la gente lloraba, a cada rato temblaba y se abría la tierra…las casas quedaron aquí por toda esta orilla de los cerros…[2]

Con el paso de las horas y al poder observar las dimensiones que alcanzó el maremoto,  las personas fueron trasladadas a albergues que se crearon en Carahue y Nueva Imperial; asimismo, una vez que se calmó la situación se instaló en el pueblo el Regimiento Tucapel, el cual estaba encargado del orden y de controlar el acceso de la gente al pueblo, para evitar así los saqueos; por supuestos quienes eran más vigilados, eran los campesinos mapuche que iban al pueblo.

Hasta ese entonces, Puerto Saavedra se emplazaba como un puerto fluvial que contaba con gran cantidad de servicios tales como Banco Estado, Correos de Chile, Juzgado del Crimen, Hospital, además de grandes tiendas comerciales, hoteles y existiendo inclusive fabricas de elaboración de conservas y otros. Puerto Saavedra era un lugar de comercio, esto básicamente por ser un puerto al cual llegaban vapores que traían y llevaban productos desde y hacia otras ciudades.

El maremoto sin embargo cambió abruptamente la geografía de este puerto y con ello alteró el desarrollo que hasta ese entonces se había producido. El cambio más significativo y de mayor importancia fue el cambio en el acceso al mar, que trajo como consecuencia directa el fin del comercio y transporte fluvial existente, sumado a esto, la destrucción de las casas y edificios públicos llevó a que se creara y comenzara a construir un nuevo Puerto Saavedra, esta vez el río Imperial y el mar de sus costas solo serían un atractivo balneario para turistas. Tras el terremoto y posterior tsunami solo quedaron algunas casas en pie y las palmeras de la casa  de uno de los colonos de ese tiempo, la familia Lüer; hoy en día es posible apreciar algunas ruinas que persisten a pesar de la erosión del agua y el desamparo en el que han estado todo este tiempo.

Sacrificio en el Budi.

Otro hecho que se encuentra en la memoria de las personas, es el sacrificio que se produjo en el Budi, los mapuche, producto del temor que les causó el terremoto y el maremoto y como forma de calmar a la naturaleza, decidieron realizar un sacrificio humano, entregando al mar el cuerpo de un niño de la zona; dicho sacrificio se realizó en el Cerro La Mesa.

Cuando hubo terremoto, no hallaron la gente pa donde cortar, cerrito por cerrito, cerrito por cerrito,  y ese donde sacrificaron al niño, ese cerro se salvó, quedó, tiene otro nombre pero es más conocido como cerro La Mesa, ahí mataron al niño, le sacaron la cabecita, el niño pedía dicen, pero yo no escuche muy bien, yo me arranqué, decía para que me van a matar si yo te sirvo abuelo, a mi no me puede matar, toma a un cordero para sacrificar, llegó el otro y le cortó el brazo y como todavía saltaba su cabecita, al pobrecito lo tiraron al mar; pero no voy a mentir, como que la mar se contuvo, se sujetó(…[3])

Este hecho quedó registrado en ese entonces como noticia en la Revista Vea, hubo un gran revuelo por todo lo ocurrido, nadie podía entender por qué un niño debía ser la ofrenda para realizar el sacrificio, por qué no un animal como suele hacerse en otro tipo de ritos. Todo esto llevó a que la Machi que realizó el sacrificio en conjunto con parientes del menor fuesen detenidos y enjuiciados, sin embargo, tras dos años de juicio son declarados inocentes, señalando en ese entonces que “habían actuado bajo los influjos de una fuerza psíquica irresistible e impulsados por un miedo insuperable[4]

La historia del menor ofrecido en sacrificio cuenta que era un pequeño de 5 años, llamado José Luis Painecur, según lo que recuerda la gente, el niño debía ser huérfano, y este menor se encontraba bajo el cuidado de su abuelo, ya que su madre estaba trabajando como “nana” en Santiago, por lo que podía ser ofrendado al mar para que este calmase su furia.

Este hecho es silenciado por la población, la percepción de la gente del pueblo respecto al sacrificio ocurrido es negativa, suelen tratar de justificarla frente a los otros, como un acto de los mapuches y de su cultura, sin embargo, existe un gran reproche a lo que ahí aconteció ya que se critica que la victima haya tenido que ser un niño pequeño, quizás de haber sido un animal el que se ofreciese a la naturaleza no existiría el reproche y silenciamiento que hay de esta historia.

Conmemoraciones.

La tragedia vivida en el año 60, persiste  en la memoria de los pobladores de Puerto Saavedra, sus nuevas generaciones a pesar de no haber vivido dicha experiencia hacen suyo el relato de lo acontecido como si hubiesen estado presentes.

Para conmemorar este nuevo aniversario de la tragedia del año 60, el día sábado se desarrollaron actividades organizadas por el municipio de Puerto Saavedra para recordar lo acontecido 50 años atrás. Antes de comenzar la actividad, se vivió un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas del maremoto, para luego dar paso a la exhibición de un video en el que sobrevivientes del terremoto y maremoto contaban sus experiencias de lo vivido aquel 22 de mayo, asimismo, se homenajeó y se les hizo entrega de presentes a personas que vivieron dicha catástrofe, todos ya adultos mayores que aun viven en Puerto Saavedra.

Por otra parte, se procedió a inaugurar un memorial – que se instalará en la plaza de armas de la comuna – en el que están plasmados los nombres de las víctimas de esta catástrofe, en total fueron 50 personas de la comuna las fallecidas, sin embargo, las pérdidas materiales afectaron a prácticamente toda su población, dichas pérdidas y la magnitud de lo acontecido era posible observarlo en una muestra fotográfica realizada este mismo día, para que los vecinos recordasen y conociesen lo que ocurrió en ese entonces.

Sin duda que este aniversario del terremoto y maremoto fue de gran importancia para los pobladores de Saavedra, los recuerdos de dicha catástrofe no han sido relegados al olvido, es más, siempre los lugareños están recordando esa historia que cambió el devenir del pueblo y dio paso a la fundación de lo que es actualmente Puerto Saavedra, no es posible concebir la historia de este lugar y la idiosincrasia de sus habitantes sin hacer mención al maremoto, cambió en todo sentido la vida de este pueblo, se pasó de ser  una ciudad prospera en pleno auge de desarrollo a una localidad que debió renacer y reinventarse, sus pescadores ahora miran el mar, pero no entran en él, las poblaciones de casas se emplazan sobre los cerros mirando desde la altura el mar, el rio que en ese entonces era un medio de comunicación y transporte hoy corren tranquilas sus aguas calmas y en la temporada estival sirve de balneario para turistas que llegan a la zona, mientras todos esperan como volver a ese desarrollo anhelado y en algún futuro volver a tener un puerto como el de antaño.


[1] Los relatos y la historia narrada provienen de entrevistas realizadas el año 2005 en el marco  de la realización de la práctica profesional, dentro del proyecto Fondecyt Identidad e Identidades. La construcción de la diversidad en Chile,

[2] Entrevista año 2005

[3] Entrevista año. 2005

[4] Diario Austral. Lunes 24 de mayo de 2010. Pág. 3

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Proyecto Taller Escuela Mariano Latorre para la reconstrucción patrimonial de Cobquecura luego del Terremoto de Chile en Febrero de 2010.

29 04 2010

 

 

Video realizado por Damián Duque, alumno tesista de la Escuela de Antropología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Se trata de una presentación del Proyecto Taller Escuela Mariano Latorre para la reconstrucción patrimonial de Cobquecura, epicentro del terremoto ocurrido en Chile el pasado 27 de febrero de 2010.





Cobquecura a tres semanas del Terremoto.

22 03 2010

20 de Marzo del 2010.

Queridos amigos y amigas:

Venimos llegando de Cobquecura donde hemos pasado toda la semana. Al regresar en la camioneta nos abatió una enorme congoja. Mirábamos los álamos que ya comienzan a ponerse amarillos anunciando que se nos viene el invierno. Ya van tres largas semanas desde que ocurrió el terremoto y maremoto del sur y pareciera que fue ayer. Los habitantes de la costa siguen encaramados arriba de los cerros. Allí en Cobquecura se  han creado verdaderos “campamentos de refugiados”. Hileras de carpas blancas aportadas por el ejército, junto a carpas de la más variada índole, “iglues”  de colores, frazadas, plásticos por temor a la lluvia. Las mujeres lavan ropa en artesas de madera, cocinan lo que les llevan y algunos juegan “ping pong” en una mesa que alguien llevó de regalo. El pueblo queda desierto en la noche. Caminar entre el silencio, los escombros en el suelo y los muros resquebrajados, es una experiencia muy impresionante. Las réplicas no paran. El jueves hubo dos temblores de 5.1 grados con epicentro allí en el mismo pueblo de Cobquecura. El ruido subterráneo es muy fuerte. Hay susto y en algunos casos pánico.

Después del primer momento en que la falta de agua y alimentos era lo central el segundo momento es de espera. No se sabe muy bien por dónde comenzar. Hay agua y luz en el pueblo, no así en los campamentos. Algunos almacenes han abierto sus cortinas y se puede comprar alimentos. Uno que otro restaurante abre si hay clientes y se encarga la comida. Los pescadores no han salido a pescar, por haber perdido sus lanchas y por el temor. Se dice que cuando se escucha el mar se puede estar tranquilo, si el mar no se escucha la gente comienza a asustarse.

En los últimos días el pueblo ha sido limpiado de escombros, por lo menos los de la calle principal que se llama Independencia. Las máquinas actúan sin mayor cuidado. Vimos como una enorme pala mecánica cargaba la chimenea de la casa de Mariano Latorre y la iba a dejar vaya a saber en qué basural. Mucha gente solo quiere que les demuelan su casa lo más rápidamente posible. Otros quieren tener una opinión más técnica. Las autoridades tratan de organizar la demolición y en particular en la zona patrimonial tratan de ir con cuidado. Hay mucha polémica y debates un tanto nerviosos y a veces fuertes y casi violentos sobre este asunto, lo que es normal. Nosotros escuchamos las opiniones. Nos imaginamos que en las próximas semanas será cada vez más fuerte este asunto. Es una contradicción irresoluble. Las personas quisieran volver a vivir en la amabilidad de esas casonas enormes, llenas de habitaciones amplias y jardines olorosos. Pero nadie se atreve a dormir debajo de varias toneladas de adobes y materiales de dudosa tranquilidad.

Tal como les conté, fuimos con un equipo de cinco arquitectos, especialistas en viviendas tradicionales, de adobes y patrimoniales. Manuel Marchant y Juan Sutter, dos especialistas en estos asuntos. Manuel dirigió la reconstrucción de Pomaire en el terremoto del 85 y Juan la de Machalí y los pueblos patrimoniales del Cachapoal. Fue también Klaus Heinig quien coordinó la ayuda a la reconstrucción de Pomaire y hace de enlace con la Cooperación Alemana. Iban tres arquitectos jóvenes y tres antropólogos que han trabajado en la localidad por años. Un equipo muy competente. Allá nos juntamos con un equipo de la Dirección de Monumentos Nacionales, organismo del Estado encargado de supervisar las áreas patrimoniales del país. Nos reunimos con el Alcalde de Cobquecura que es una bellísima persona y acogió con entusiasmo nuestra presencia. Lo mismo las otras autoridades. Se trabajó un Plan de contingencia y acuerdos con el Municipio. Con el equipo de la Dirección de Monumentos Nacionales se hizo un catastro prácticamente completo de los daños. Son enormes.

La población en general está de acuerdo en hacer todo lo posible para mantener la Zona Patrimonial de esa bella ciudad. Sin embargo existe una desconfianza enorme acerca de las construcciones de adobes y tejas. Nos planteamos por tanto el desafío de cómo recuperar ese espacio patrimonial siendo flexibles y creativos en los materiales constructivos. Es un asunto altamente complejo y en ello se nos fue la semana. Nuestra idea es elaborar un Plan Maestro y se llegó a un compromiso con el Municipio en este sentido.

El Grupo de Arquitectos Patrimoniales, que así se auto denominaron estos profesionales, tendrá una reunión con Monumentos Nacionales, este martes, para ver cuáles son las condiciones mínimas para conservar el carácter patrimonial de Cobquecura. Con esa información habrá una reunión el próximo jueves con autoridades y vecinos en la misma ciudad. Se está preparando un Cabildo, esto es, una reunión más amplia, pero con cuidado ya que la situación como digo es muy confusa y hay mucho susto. En medio del susto no es fácil razonar.

Viajamos el día miércoles a la Caleta Perales distante pocos kilómetros de Cobquecura en la desembocadura del río Itata. Allí la situación es indescriptible. Donde se ubicaba la población de los pescadores hoy es un campo desvastado por el maremoto. La Señora Marta Henríquez, quien aparece en los videos que hemos realizado (Ver: Cobquecura en www.antropologiavisual.cl), es la Presidenta de la Junta de Vecinos de esa localidad y la encontramos arriba del cerro. Nos contó que esa noche inmediatamente después del terremoto comenzaron a tocar las bocinas de los autos y camionetas, a gritar  y subir a los cerros. El terremoto fue a las tres y media de la mañana y a las seis “se salió el mar”. Todos miraban aterrados como el agua arrastraba todo, sus casas. La fuerza al entrar fue muy grande pero al salir el agua fue el momento en que se llevó todo. Es como la resaca cuando hay oleaje fuerte y en que el mar “chupa”. Casas de material sólido fueron arrancadas de cuajo y dadas vueltas varias veces como dados de juego. Nadie les avisó y actuaron con el instinto propio de los pescadores. Por suerte no tuvieron ni comunicación ni radios en que la Armada o marina de Chile, señalaba que no iba a haber Sunami. No murió nadie afortunadamente. Su aislamiento y cultura marítima tradicional los salvó. En la Caleta Perales no quedó ni una de las cincuenta embarcaciones grandes que tenían los pescadores. Motores, redes, artes de pesca todo se lo llevó el mar.

La población de esta Caleta es pequeña, algo así como cien familias o un poco mas. A diferencia de Cobquecura no es cabeza de Municipio. Pertenece al Municipio de Trehuaco, que está muy alejado tanto geográfica como sobre todo culturalmente. No hay aún ni un principio de orden. Nos tocó presenciar la acción de Carabineros, la policía chilena, en situaciones de violencia intrafamiliar extrema. Uno de los jóvenes que conocíamos, Edgardo, quería matar a su mujer, “la Heydi”, por asuntos de variada índole doméstica. Uno puede comprender que en esas circunstancias, durmiendo de cualquier modo en el cerro, se exacerban los conflictos.

La Señora Marta considera con sabiduría que es necesario hacer la nueva población arriba de los cerros. Por cierto que hay propietarios y no existen sitios vacíos. Creemos que las próximas semanas podremos colaborar apoyando a los vecinos en la búsqueda de un nuevo emplazamiento, ver asuntos de propiedad, hacer algunos planos posibles, en fin, apoyarlos frente a las autoridades en esta perspectiva de cambio de ubicación del pueblo. Parece ser razonable.

La cuestión de las lanchas y botes de pesca es mucho más compleja. Uno, por el precio de estos elementos, para lo cual deberán contar con el apoyo del Estado. Otro, porque hasta este momento nadie se atreve a adentrarse en el mar, “la mar” como dicen los pescadores. A ello se agrega la división que hay en el Sindicato de Pescadores como consecuencia de la acción social arrasadora de la Planta de Celulosa  de Nueva Aldea. Como se sabe y hemos escrito, la empresa dividió al sindicato, comprando dirigentes, en fin, rompiendo la organización. Se trataba que la comunidad diera el permiso para que se pudiese enviar los “riles” al mar, esto es, los líquidos tóxicos. Con sorna me decían que “afortunadamente” el conflictivo ducto que lanza los deshechos al mar, también se rompió y la planta está temporalmente detenida. La división de los pescadores por este motivo es fuerte aunque todos son familiares directos y por allí podría haber un principio de acuerdo.

Vamos a tratar de estar presentes por un largo tiempo en ambos lugares, Cobquecura y Caleta Perales e ir viendo el modo cómo acompañar a esas comunidades. Hasta este momento el dinero que se ha recolectado se ha empleado fundamentalmente en medidas de emergencia: agua, remedios, carpas, en fin, asuntos de extrema necesidad. En lo que viene requeriremos de apoyar en áreas cada vez más técnicas y donde la acción del Estado no llega o no tiene capacidad o donde las agencias de beneficencia no actúan. Es lo que nos piden las autoridades locales. Pensamos que en un estrecho dialogar con las personas afectadas podrán ir saliendo las soluciones

Por medio de esta carta quisiéramos agradecer muy sinceramente las muestras de solidaridad y el apoyo financiero que ha comenzado a llegar a la cuenta bancaria para la solidaridad con Cobquecura, y que posibilita realizar estos trabajos. Muchas Gracias
José Bengoa





Informe del Terremoto en Puerto Saavedra

10 03 2010

Natalia Caniguan

Puerto Saavedra aún guarda en su memoria el recuerdo del maremoto que lo asoló y transformó en 1960. Cuando vamos llegando a Saavedra vemos las “Ruinas” que quedan de las casas que en ese entonces eran de colonos asentados en el pueblo, la película La Frontera, también nos retrata ese triste acontecimiento que cambió profundamente tanto la geografía como la identidad de los habitantes de esta comuna.

Todo lo vivido ha marcado a las personas, es por ello que siempre se advierte a la gente que debe estar preparada por el temor constante a que se “salga el mar”. La madrugada del 27 de febrero sacó fuera nuevamente todos estos temores, tras el terremoto que asoló gran parte del país, la población corrió rápidamente hacia los cerros, ya fuese donde está el cementerio o donde se emplaza el hospital, todos huyen con frazadas y algo de víveres, más tarde se bajará a buscar más alimento y aquello que pueda resultar necesario para lo que se viene.

Arriba del cerro se comienzan a armar carpas y ranchos, se sabe que la estadía en ese lugar durará a lo menos un par de días. Una vez que amanece se observa como se están instalando campamentos improvisados sobre el cerro, el pueblo está totalmente vacío, quienes no subieron al cerro se van donde sus familiares en el campo.

No hay luz ni teléfono por lo tanto resulta difícil enterarse de las primeras noticias, no obstante, el canal municipal con sus generadores amplifica las noticias que se están teniendo por televisión, solo así logramos saber la magnitud de lo acontecido, más adelante nos daremos cuenta que los daños ocurridos en Saavedra son muy leves en comparación a lo que ocurre en el resto del país.

Las construcciones de Puerto Saavedra corresponden en su mayor parte a autoconstrucciones, últimamente observamos el emplazamiento de poblaciones de subsidio estatal, al ser construcciones pequeñas, en su mayoría de madera, no notamos a primera vista daños ni casas caídas, el gran drama de este lugar se vivió en la población ubicada sobre el cerro wingkul en el que también se emplaza el nuevo hospital de Saavedra, en dicho lugar se encontraba ubicada una copa de agua de la empresa Aguas Araucclip_image002anía, la cual cayó sobre las casas, provocando el derrumbe de 7 casas y la muerte de una joven junto a su bebé de solo dos meses de edad.

A pesar de todo esto el mayor susto de la gente no se encontraba en los movimientos de la tierra sino en lo que ocurriese con el mar, si bien después de lo acontecido el año 60, donde el terremoto de ese entonces tuvo una magnitud de 9,5 grados, se reconstruyó Puerto Saavedra ocupando zonas más altas, aun es mucha la población que vive cercana al borde del río Imperial o del mar, lo que llevó a que se produjera una rápida evacuación de la población por sus propios medios, ya que tal como se anunció ese día no habría riesgo de tsunami.

El mar en Puerto Saavedra no salió con la fuerza que vimos en otros lugares, si se produjeron marejadas que salieron fuera de los límites habituales en los que está el mar, sin embargo no alcanzó a llegar a las casas, quizás las barreras de contención y la barra de pinos que se instalaron después del maremoto anterior ayudaron a frenar en algo el mar.

Quienes vivieron mayores temores en cuanto a la salida del mar fue la gente que acampaba en el sector denominado Los Pinos, esto es en la barra de arenas que se creó tras el maremoto del 60 y que se encuentra como barrera divisoria del mar y el río Imperial. Quienes ahí se encontraban, señalaban que trataban de salir de sus carpas, pero olas de agua les llegaron, frente a eso solo había desesperación y gritos especialmente de niños, lo que llevó a que pescadores de la caleta tomaran sus botes y entraran al río para intentar sacar al menos a esos niños que se escuchaba llorar, la noche era oscura, estaba nublada y sin luna, el río corría fuerte hacía el norte, las embarcaciones se iban a la deriva, razónclip_image004 por la cual luego del rescate de algunas personas se decidió continuar con dicha labor una vez que amaneciese.

Cuando ya aclara y tras varias horas de ocurrido el terremoto, es posible comenzar a recorrer el pueblo, vemos grietas en los muros de contención del río y con ello comenzamos a notar la magnitud de lo que se vivió, el camino hacia la playa se partió en dos, quedando utilizable solo en una vía, por ese mismo sector observamos el mar que se encuentra turbio y con un fuerte oleaje y el cerro que acompaña a este mar se encuentra trizado. clip_image006

Durante el día el pueblo está vacío, intentamos conseguir agua, la cual es repartida por bomberos y por camiones municipales, la gente que no está acampando sobre el cerro es llevada a albergues preparados para la población, si bien las casas están en pie, nadie quiere bajar por temor al mar. Los comerciantes y pescadores, llevan su ayuda a los albergues y campamentos, este día todo se vive sobre el cerro, al mar nadie se acerca.

Hacia el sector rural nos vamos enterando que no hubo mayores daños, lo más perjudicado son los caminos puesto se han trizado o hundido, quienes viven cerca del mar también se refugiaron en los cerros altos o treng treng, hay quienes en el amanecer comenzaron a hacer rogativas para que el mar no saliera y la tierra se calmara.

Quizás esta zona no fue devastada ni sufrió daños materiales considerables, sin embargo, el renacer de los temores frente a la fuerza del mar y el recuerdo del pasado afectan de manera mucho más fuerte a las personas, Puerto Saavedra ya sufrió esto una vez y le significó un cambio rotundo en su geografía y en su desarrollo como puerto, esta vez se espera que no vuelva a ocurrir lo mismo, es por esto que aun con mucho temor el día lunes comienzan a bajar unos pocos de los cerros, no obstante, se tiene todo preparado para subir a ellos en cuanto sea necesario…





INFORME SOBRE TERREMOTO EN COBQUECURA

8 03 2010

Cobquecura es un pueblo de casi seis mil habitantes ubicado al borde del mar. En lengua mapuche significa Pan de Piedra por la existencia de cerros de piedra laja con la que se han hecho muchas de sus casas. Como bien se sabe Cobquecura fue el epicentro del terremoto. Está a 120 kilómetros de Chillán, en la costa. Es un pueblo patrimonial de una enorme hermosura. Es un lugar lleno de historia, cuna de escritores, allí nació Mariano Latorre, su casa ubicada en la Plaza hoy día solo son escombros,  el poeta y amigo Fidel Sepúlveda que descansa en su cementerio, y muchos otros. Es un pueblo lleno de identidad. En este momento el pueblo está totalmente destruido aunque no subió el mar, ya que ellos señalan que al ser epicentro la ola sísmica fue hacia fuera. Todo el pueblo duerme en los cerros

Muchas personas y amigos aportaron  al llamado que hicimos desde la Universidad en ayuda de Cobquecura. Este pequeño informe es para contar brevemente lo ocurrido y agradecer.

El lunes en la tarde nos contactamos desde Santiago con Cobquecura y nos señalaron la situación. Muchos estudiantes han estado en los ùltimos años realizando sus estudios de terreno y conocen bien a la gente. En menos de 24 horas conseguimos donaciones en dinero y  materiales. La comunidad de los Traperos de Emaús puso un camión para trasladar los materiales recolectados.  Los estudiantes y profesores de la Academia de Humanismo Cristiano se movilizaron.  La Universidad y la  Cooperación alemana pusieron dinero.  Muchos amigos también. Iba también un grupo de dirigentas de Anamuri (Asociación Nacional de Mujeres Rurales)a solidarizar con los campesinos del sur. Llegamos a Cobquecura el miércoles en la tarde. Son casi quinientos kilómetros desde Santiago y en este momento el viaje es de casi doce horas por los cortes de puentes y rotura de caminos..

Juntamos casi ochenta carpas, casi todas nuevas y muy buenas,  las que comenzaron a repartirse de inmediato entre los grupos que duermen en los cerros y que estaban a la intemperie.. En el consultorio médico que no sufrió daños por ser nuevo, dejamos un tambor de cien litros de bencina y otro de diesel, lo que fue muy bien recibido ya que es el único lugar con luz eléctrica que funciona con un generador. Entregamos al consultorio alrededor de cuatrocientos litros de agua mineral embotellada, grandes botellones de agua purificada (les quedaban solamente seis botellas de agua), una cantidad importante de medicamentos, una carpa de campaña grande para un  policlínico ambulante, muy útil para instalarla en los cerros lo que se hizo de inmediato, y otros productos de utilidad. Una gota en el mar de todos modos.  El equipo del consultorio médico, enfermeras y para médicos, todos muy jóvenes, es excelente. Son una garantía de hacer las cosas bien. Seguimos en contacto con ellos.

En la mañana del jueves comenzó a llegar ayuda en alimentos. Camiones cargados de arroz, cajas de productos varios.  Hay sin embargo un enorme caos en la distribución al igual que en todas partes. Llega mucha ropa que no sirve de mucho. La organización de la distribución es un asunto muy complicado.

El Alcalde, que está al frente de su comunidad,  nos señaló que el temor mayor que muchos tienen es perder el carácter Patrimonial del pueblo, y dijo que el segundo terremoto sería si el pueblo se reconstruye con  mediaguas. Este es el mayor desafío a largo plazo.

El Alcalde no quería solicitar militares ya que sostenía que esa comunidad podía auto gestionar su seguridad. Aunque el pueblo está vacío en la noche, los vecinos organizaban rondas nocturnas y no había ocurrido ningún robo. El jueves en la mañana llegaron unos destacamentos militares y fueron bien recibidos de todos modos.

La única institucionalidad es la Municipalidad. No hay organizaciones de la antiguamente llamada “Sociedad civil”. Ojalá que en esta coyuntura comience un nuevo nivel de asociatividad. Es lo que debería hacer la solidaridad y no quedarse solamente en la caridad.

En el corto plazo hay que comenzar a desarmar y  derribar casas y muros de manera fina. En el pueblo de Quirihue, por ejemplo, también muy afectado, los campesinos, que sí saben, han comenzado a desarmar y apilar ordenadamente las tejas, los adobes, las maderas, cuidadosamente. Nos solicitaron mano de obra y los estudiantes de la Academia se aprestan para partir a esas tareas.

Los peligros de infecciones, es la mayor preocupación del personal del consultorio en el  mediano plazo. Se requiere de una ayuda mas sofisticada. Baños químicos, purificadores de agua, medicamentos específicos, pareciera ser lo mas importante. Ya hay agua pero impura.

Lo que mas llama la atención, aunque es evidente, es el “susto” que existe. No será fácil que la gente baje de los cerros. Dormimos en el cerro en uno de los campamentos y el silencio se sentía. Si llegara a llover la situación se volverá dramática. Los vecinos nos regalaron una olla de jaivas que habían traído unos pescadores. La vida y la reciprocidad  cruzada sigue.

Lo que viene para adelante es lo siguiente. Partirá un grupo de estudiantes a Cobquecura y los pueblos y caletas vecinas la próxima semana.  Hay por ejemplo una Caleta de pescadores, Caleta Perales, a la que nadie ha llegado aún y posiblemente fue arrasada. De Trehuaco, otro pueblo campesino, tampoco supimos nada. En la próxima semana trataremos de llegar a esos lugares donde tenemos mucha gente amiga.Los estudiantes continuan recolectando productos, dinero y estan organizados.

Los estudiantes van a trabajar en la demolición cuidadosa de las casas, organizar la distribución de alimentos, ropas, etc…

Vamos a juntar plata para que viajen los estudiantes voluntarios, y lleven materiales,  medicamentos, para lo que tenemos una lista completa realizada por las autoridades del Consultorio.

En la semana comenzaremos desde ya  a pensar en la reconstrucción, gran desafío de este hermoso lugar. Realizaremos un viaje con arquitectos, cooperación internacional y lo coordinaremos con otros grupos que están apoyando a Cobquecura. Pensamos que en este lugar hay condiciones y personas para que la reconstrucción sea digna, adecuada y culturalmente pertinente.

Estoy muy agradecido de haber podido tener esta experiencia y contar con el apoyo de mucha gente amiga. Se les agradece

José Bengoa